De papacitos y otras rarezas

15-06-2016


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Escrito por Lucía Escobar

Si ser madre es difícil, ser padre también. Al menos a las mujeres nos preparan desde que nacemos a ejercer ese “sagrado” rol. Nos meten hasta en los juguetes, el numerito de los pañales y el biberón. En cambio a los hombres, el pinche patriarcado les intenta anular ese instinto paterno tan hermoso y necesario, negándoles la posibilidad de la ternura.

Por suerte, el padre de mis hijos tenía bien claro que él quería ser diferente: un papá de verdad, no un padre de fines de semana, ni un padre de medio tiempo. Él quería ser un papá de los que están ahí siempre. Estaba convencido que rompería el círculo de abandono y lo hizo. La relación de ellos era tan fuerte que a menudo tuve envidia de esa frescura. Llegué a pensar que mis hijos lo querían más a él que a mí. Y es que la forma de criar de un hombre es mucho más relajada o práctica que la de una madre. Menos sufrida más espontánea.

En países como el nuestro, ejercer la paternidad con responsabilidad es toda una rareza. Muchas veces cuando mis hijos eran bebés y estaban a cargo de su padre, la gente se acercaba a preguntarle si era viudo. O incluso le decían “pobrecito” por cuidarlos. Para él, era toda una odisea cambiar pañales en los baños de los hombres que casi nunca cuentan con un cambiador (eso también es machismo). Aprendí mucho de cómo ser mamá con él. Si yo salía con mis hijos pequeños, llevaba en la pañalera todo un cargamento de cosas. Y en cambio él, salía sin nada extra. Yo me ponía nerviosa de que se fuera así, pero él argumentaba que en todas las tiendas venden pañales sueltos y bananos. “Si tiene hambre o caga, se soluciona”.

Me enorgullece haber escogido el mejor padre posible para mis hijos. Me alegro que hayan compartido con él tanto tiempo de calidad. Hoy que no está, sé que dejó en ellos una gran huella. Su herencia no es material: no era un proveedor. Pero les dejó un montón de hermosos recuerdos, de tanto tiempo compartido, de cariño, ternura y amor. Les dio atención, abrazos, pláticas y juegos. Todo lo que necesita un niño de un padre.

Yo también tengo la suerte de tener a un padre maravilloso. Sé que le ha costado sacudirse el machismo con el que creció. Con cuatro hijas mujeres, ha tenido que aprender a respetar nuestra libertad y nuestra particular forma de ser. Le ha costado pero lo ha hecho muy bien.

Tener hijos no debería tomarse a la ligera. Ser padre es una responsabilidad enorme. No cualquiera tiene la inteligencia emocional para hacerlo.

Si no se tiene vocación ni instinto paternal, es mejor usar SIEMPRE condón o hacerse la vasectomía.

El mundo no necesita más hijos sin padre.

Contacta a Lucía Escobar en Twitter a @liberalucha