Soy madre soltera y ya viene el Día del Padre

12-06-2016


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Escrito por: Any Luna

Es un riesgo escribir estas líneas, develar tantas intimidades a totales extraños. Pero esto es una gran parte de lo que me encanta Mamás Amando el Caos, hablar de tabús, de realidades que nadie se atreve a hablar. He notado que cada vez que lo hago alguien me dice “gracias por escribir esto porque ahora ya sé que no solo yo me siento así”; y si al menos una persona puede sentir más paz en su corazón al compartir mis experiencias, pues vale la pena esta cruda transparencia que tengo en mi vida caótica como mamá. Así que aquí va.

Esta historia parecerá novela, de esas donde hay hermanos gemelos malvados, lágrimas y amantes secretos. En la mía no hay gemelos malvados pero sí todo lo demás.

Conocí a mi ex esposo y nos enamoramos locamente. De verdad, locamente, de esos amores que uno tiene que tener al menos una vez en la vida donde uno siente que se le sale el corazón y todo es mágico. Por supuesto, la realidad de la vida no tardó mucho en apagar esa magia y nos divorciamos pacíficamente. Un par de años después de divorciarnos empezamos a platicar, a vernos, y una fugaz confusión de volver a sentir todo otra vez (y un par de tequilas de más) concluyó en la concepción de mi hija. No lo he vuelto a ver desde ese día. Me pidió un aborto pero ni siquiera lo consideré. Me dijo que no tenía ningún interés en ser parte de mi vida ni de esa semillita creciendo dentro de mi. Me enojé, me enfurecí, quería buscarlo y agarrarlo a patadas, pero en el fondo le daba gracias a Dios. Para qué exponer a mi bebé a alguien que solo lo iba a rechazar. Además, ya había vivido con mi hermano todo lo que legalmente implica que un niño esté reconocido por su papá pero que no esté disponible. Es un verdadero dolor de cabeza y podía ahorrarme eso. Sin duda no me interesaba tomar acciones legales en contra de él aunque yo llevara todas las de ganar.

Decírselo a mis papás fue fácil. Yo ya tenía 30 años, un buen trabajo y mi papá tenía varios años diciéndome “mija… embarazate. De cualquiera, no importa, pero quiero un nieto, ¿no será que no podés engendrar?” (chistosito).

La conversación fue así:

Yo: Papa, resulta que sí puedo engendrar. Estoy embarazada

Mi papá: (MUY feliz) ¡¿Es en serio?! ¿No estás bromeando conmigo?

Yo: No papa, es en serio. Es de mi ex marido y dice que no quiere saber nada.

Mi papá: ¡Gracias a Dios mijita! ¡Vamos a celebrar!

Fue fácil.

Pero había alguien más a quien le tenía que dar la noticia y eso no iba a ser nada sencillo (aquí es donde empieza la novela). Había alguien más en mi vida, alguien a quien quería hasta lo más profundo de mi corazón, alguien con quien habíamos hablado antes de tener un hijo juntos si llegábamos a los 40 y seguíamos solteros, alguien que por mil razones nunca se animó a que fuéramos pareja oficial y que teníamos ya varios meses de no vernos después de nuestros dramas de sí o no, sí o no. Le pedí que nos reuniéramos y después de su tercera cerveza le caí con la bomba. Creo que uno sí puede oír cuando le rompe el corazón a alguien. Ese día lo oí.

¿¿¿Por qué??? ¿Por qué mi bebé tenía que ser de mi ex esposo y no de él? Él sí se hubiera quedado. Él hubiera sido excelente papá. No sé cuantas noches lloré preguntándome eso. Pero lo hecho, hecho estaba, y ahora estaba sin ninguno de los dos y con un bebé que sí deseaba con toda mi alma.

Mi mamá siempre estuvo conmigo, estaría perdida, TOTALMENTE perdida sin mi mamá. Económicamente tenía lo que necesitaba. Todos mis amigos y familiares sabían las condiciones en que había quedado embarazada y la generosidad fue simplemente impresionante. Me regalaron desde una cuna hasta pachas. Era abrumador recibir tanto apoyo. Pero al final de la noche, estaba sola. Sola con el amor hacia esa semillita, sola con los miedos, y sola con las lágrimas porque con quien realmente hubiera querido ser una familia, no estaba ahí.

¿Voy a poder pagar mi parto? ¿Voy a poder pagar un buen colegio? ¿Voy a poder pagar el hospital si un día se quiebra un brazo montando bicicleta? ¿Voy a poder comprarle una bicicleta? ¿Voy a poder dar de mamar aunque por mi trabajo tengo que viajar tan seguido? ¿Voy a ser buena mamá? ¿Voy a tener la energía para cuidarla? Tenía una amiga que también estaba embarazada y yo le decía “Imaginate las preocupaciones que tú sentís y las que tu esposo siente. Yo siento las de los dos”. La pregunta más difícil siempre fue ¿CÓMO LE VOY A EXPLICAR A MI BEBÉ ESTE RELAJO? Todas las noches… todas las noches esas preguntas que me atormentaban en la soleda.

Cuando me hice el ultrasonido 3D para saber el sexo, era casi una fiesta. Habían 5 personas acompañándome cuando nos dijeron que era una niña (yo ya lo sabía, siempre lo supe). La inmesa felicidad de la ocasión fue nublada por la imagen que me dieron: ¡¡¡Era igual a su papá!!! Contuve mis lágrimas, me hice la fuerte. Imaginaba lo diferente que ha de ser cuando las mamás hacen esta ultrasonido con el papá, y que al ver que tenga la cara de él se convierte en motivo de felicidad. Por supuesto solo mis amigos más cercanos oyeron la frase “tiene toda la cara de ese c#%o&e”. En Facebook la publicación fue “¡voy a ser mamá de una linda niña!” y llovieron los likes y felicitaciones.

Cada cita con el médico, cada ultrasonido, cada regalo que uno recibe, el momento del parto… estás sola. Sí, mi mamá estuvo ahí en todos esos momentos y sin ese pilar seguro me desmorono, pero igual me sentía sola. Me imaginaba cómo sería dormir con alguien a la par que me calmara cuando tenía miedos. Mi hija ya tiene 4 años y todavía se me hace un nudo en la garganta cuando veo esas escenas en las películas en donde un papá le da un beso en la panza a la mamá embarazada.

Sé que mi experiencia como mamá soltera no es como la de todas. Siempre me regañan por usar ese término pero no sé qué otro usar para describir a una mujer teniendo un bebé sin apoyo del papá. Yo tenía la suerte que mi embarazo no era rechazado en mi familia, todos brincaban de felicidad no solo por la idea de un bebé sino porque no lo iban a compartir con nadie más. Tenía la suerte de tener un buen trabajo que me daba paz en lo económico y tenía la tranquilidad que aunque yo no pudiera cubrir los gastos, mis papás me apoyarían en ese sentido. Y por último, el qué dirán sin duda jamás ha sido una de mis preocupaciones (evidencia: estoy publicando esto). Y aún así, lloré de soledad demasiadas noches. No me puedo imaginar cómo es para otras mamás que no tienen la suerte que yo tuve.

Desde el momento que mi hija empezó a hablar, yo le dije la verdad. No esperé a que ella me preguntara. La versión oficial es: Tu papá se llama X (ella sabe el nombre real), yo estuve casada con él (ya le enseñé fotos de la boda pero no le he explicado el orden de los eventos) y él prefiere que solo yo te cuide. ¿Cómo le explico que simplemente no le importa su existencia? Solo tiene 4 años, no quiero que crezca con una mentira pero tampoco la quiero lastimar.

Ella es una niña feliz, absolutamente preciosa y amada por muchos. Le he tratado de enseñar que el hecho de que no conoce a su papá no es motivo para sentirse mal. Vivimos con mis papás y al final su abuelo le da esa figura paterna. Somos muy dichosas, felices y cuando yo le hablo de su papá, le digo que lo único que siento hacia él es agradecimiento porque me dio el mejor regalo de mi vida y jamás le hablo mal de él (y por cierto, ya no siento nada negativo hacia él y el agradecimiento es genuino).

Hoy me atreví a escribir esto porque el Día del Padre se acerca. En su colegio no lo celebran (DIOS LOS BENDIGA) pero es el tema del que todos están hablando. Hace un par de horas le pregunté a mi hija si alguien del colegio le ha preguntado por su papá. Hizo una cara de desagrado y me dijo “yo no le digo a mis amigos que no conozco a mi papá”. ¿Por qué?, le pregunté. Su respuesta: porque me da vergüenza.

¿Alguien pudo oír mi corazón? Ya se los había dicho... se puede oír cuando se rompe.